Pesca de consumo humano directo

vs.

Pesca de consumo humano indirecto.

En uno de sus más recientes editoriales OANNES opina sobre la dicotomía pesca de consumo humano directo vs. pesca de consumo humano indirecto. Al lado de conceptos interesantes aparecen algunos planteamientos sobre los cuales es necesario pronunciarse, sin ánimo de abrir debates, sino más bien, con la esperanza de contribuir al mejor entendimiento de los problemas que enfrenta el desarrollo pesquero y acuícola sostenible en el país.

Nos ha llamado la atención de manera particular la siguiente afirmación:
El estado no debe decidir el uso de la materia prima, esa es una decisión empresarial que la determinará la demanda y los precios de los productos del mercado. Inicialmente es casi seguro que muchos querrán hacer toneladas y toneladas de harina, pero pronto se darán cuenta que hacer conservas, secos salados o congelados es un interesante, trabajoso, pero lucrativo negocio; y paulatinamente la transformación de la anchoveta ira hacia la mejor rentabilidad, generando trabajo, progreso y riqueza a los peruanos que participen en este rubro. Eso para mi es llegar a la "naturalidad de la pesquería peruana de anchoveta".

De acuerdo con la teoría económica, el empresario produce con un objetivo fundamental: maximizar utilidades.  Y, aunque en la actualidad se reconoce la incorporación de factores como la responsabilidad social o ambiental en el proceso productivo, maximizar la utilidad es aun la mayor motivación del empresario. Luego, una propuesta basada en la enunciación de una buena intención “… pero pronto se darán cuenta que hacer conservas, secos salados o congelados es un interesante, trabajoso, pero lucrativo negocio; y paulatinamente la transformación de la anchoveta ira hacia la mejor rentabilidad…” no tendría muchas expectativas de concretarse espontáneamente.

Si así fuera, si solo dependiera de un hecho espontáneo, como el que insinúa la frase “pero pronto se darán cuenta…”, cómo explicamos que eso no haya sucedido aún. Que condiciones deben sustentar la aparición de ese hecho espontáneo, que no se hayan producido hasta hoy,  y quién o quiénes deberían impulsarlas o establecerlas.

Otra cuestión que es importante que quede clara, se refiere a lo siguiente; el editorial comentado dice en uno de sus párrafos: “…todas las embarcaciones que provean un recurso como la anchoveta, sean artesanales, de pequeña, mediana o escala industrial, tengan a bordo un excelente sistema de conservación y/o refrigeración, que asegure la entrega de un producto de excelsa calidad de frescura,ª

Surge de inmediato una pregunta: ¿Se ha hecho una estimación de la inversión que ello demandaría y, sobre todo, de su financiamiento?

Pero volvamos al tema de la afirmación central del editorial de OANNES, que presupone la existencia de un mercado eficiente en la asignación de recursos, lo cual no es cierto y veamos porqué.

Hoy, no son pocos los estudiosos que afirman, exhibiendo sólidos argumentos para ello, que la crisis económica y financiera global de 2008, que afecta aun a la economía mundial “...ha puesto en entredicho el paradigma del Estado subsidiario neoliberal. “[1]

Esa corriente de pensamiento que otorgaba al Estado un rol subsidiario y apenas presente en la actividad productiva, hizo que el mercado se convirtiera “…en el eje central del proceso económico, en el criterio central de distribución de los beneficios e ingresos y en la lógica que aseguraría la igualdad, la justicia y la libertad para todos los ciudadanos.”[2]

Hoy, las repetidas crisis económicas que el mundo vive desde la década de los 80´s en adelante, han logrado convencer a muchas personas de que solo un Estado fuerte tiene las herramientas adecuadas para promover el abatimiento de la pobreza y el desempleo; alentar la inversión y corregir las fallas del mercado.

Finalmente, conviene recordar que si bien es necesario y de suma importancia diversificar las formas de consumo de la anchoveta, ya sea con técnicas de conservación y transformación destinada al CHD, debe contarse previamente con estrategias de introducción del producto en el consumidor, que, dependiendo de la política que se ponga en práctica, requerirá de mayor o menor participación del Estado, ya sea como programas de educación al consumidor o brindando alicientes tributarios o de otra índole al productor.

Un asunto final, pero no por ello menor, se refiere a los precios al consumidor final, sobre los cuales habrá que hacer cuidadosos análisis que permitan que el producto sea accesible a los sectores menos favorecidos de la población.

[1] El Estado después de la crisis: vida, pasión y muerte de un paradigma. Manuel Luis rodríguez. 2009.

[2] Op.cit.