IDEAS FUERZA: LA ACUICULTURA

En el mundo, la pesca de captura ha llegado a su límite. En tanto la acuicultura ha crecido muy rápidamente en los últimos 50 años y lo seguirá haciendo.

Según recientes datos de la FAO, más del 50% de los pescados y mariscos que come la humanidad, provienen actualmente de la acuicultura, y así será en el futuro, en mayor proporción  cada vez.

La acuicultura muestra muchas ventajas respecto de otras actividades productivas, como ser la ocupación de espacios no aptos para alternativas productivas, mejores conversiones de los insumos que sirven de alimentos, uso transitorio del agua; y, gran variedad de opciones en su ejecución, en cuanto a especies, tipos de cultivos, diversidad de ambientes y zonas de operación.

Para nuestro país, la acuicultura puede constituirse en una poderosa herramienta de desarrollo y de ocupación efectiva del territorio nacional, entendiéndose como tal el uso correcto del territorio desde las perspectivas, social, económica y ambiental.

Más que privilegiar un crecimiento inorgánico, la acción del estado debe favorecer el desarrollo sostenible de la acuicultura, evitando el desperdicio o mal uso de recursos naturales y cuidando sus impactos ambientales y sociales.

Cabe resaltar que no obstante el rico potencial que reservan los ingentes cuerpos de agua continentales del territorio peruano y las enormes posibilidades de ampliar la crianza de especies marinas - dada nuestra gran bio-diversidad -, la acuicultura peruana se caracteriza por su extremada dependencia de un reducido número de especies; tres, para ser precisos: langostinos, conchas de abanico y truchas, así como de zonas productivas: Piura, Puno, Tumbes y Ancash.

Ello motiva dos reflexiones: por un lado la necesidad de consolidar y hacer sostenible la producción de estas especies, que tienen gran valor en los mercados locales e internacionales, y por otro lado, la urgencia de buscar la diversificación de nuestra producción acuícola, en sus diferentes opciones y dimensiones, tanto en lo que respecta al abastecimiento de la demanda interna de alimentos, como en la obtención de bienes de alto valor para el comercio exterior.

Asimismo, siendo los principales productores mundiales de harina de pescado, conviene promover que parte del empleo de este insumo se dirija a la acuicultura local, generando con ello una cadena de valor y de desarrollo regional de gran impacto, así como en la provisión de bienes gran valor en el comercio internacional (peces y mariscos) con importante contenido nutricional, expresado en completos perfiles proteicos y de ácidos grasos omega-3 de gran impacto beneficioso en el consumidor final, lo que les provee de una cualidad distintiva.

A este respecto, cabe anotar que en el Perú existe un marco jurídico e institucional para el acceso y para gestión de la acuicultura que requiere ser revisado y robustecido, sobre todo en la promoción de la investigación científica y tecnológica, la exploración de nuevas alternativas productivas, la adecuada administración de los recursos, la intervención de las instituciones con competencia en esta disciplina y el apoyo al acuicultor, tanto en la actividad en sí, como en su armónica inserción en el entorno en el que ella se desenvuelve realiza.

No olvidemos, que al igual que lo que acontece en gran parte del mundo en desarrollo, la población peruana crece en número y en demanda de alimentos. Según el INEI, nuestra población crecerá en los próximos 10 años en un 10%, pasando de 31 a 34 millones de habitantes, por lo que debe esperarse un crecimiento del mismo orden en la demanda por alimentos proteicos, sin contar mejoras en los ingresos, nuevos hábitos de consumo y otros factores. La acuicultura, adecuadamente conducida, deberá ser una importante alternativa, sea ello en la seguridad alimentaria, y en el abastecimiento de productos de alto valor comercial.

En estos escenarios, surgen las inquietudes sobre ¿cómo promover adecuadamente a la acuicultura en el Perú?.

  • En primer lugar y reconociendo sus peculiaridades de diversidad de tecnologías, especies, ambientes de ejecución, así como por su complejidad, la acuicultura – que de hecho se aleja de ser una actividad extractiva como la pesca, asemejándose más bien a la agro-industria –, requiere de una gestión especializada, que debería estar concentrada y debidamente manejada y promovida en el marco de una organización ad-hoc, llámese ésta Vice Ministerio, Instituto u otro, agrupando y racionalizando los estudios necesarios (I+D+i), caracterización de opciones productivas (y su particular tratamiento) y administración. De esta forma, evitar la dispersión de demandas de intervención y control por parte de numerosas agencias de gobierno, como en la actualidad sucede.
  • Por otra parte, debido a que es una actividad productiva que requiere de fuertes inversiones, largos plazos de maduración y asumir riesgos (ya que en ella se presentan muchas situaciones nuevas para el conocimiento tanto productivo como en los aspectos comerciales), se requiere la articulación con fuentes de financiamiento o favorecer este aspecto con medidas promotoras y tributarias apropiadas.
  • Asimismo, siendo la acuicultura altamente sensible a la contaminación y a las epidemias (por desarrollarse en un medio acuático de fácil dispersión de contaminantes y de patógenos), debe propiciarse un cuidado de su desarrollo y gestión, así como del territorio que ocupa, en relación a los peligros que puede significarle otras actividades productivas o humanas como la agricultura, minería, industria, urbanismo, pesca, etc. En este sentido, urge un ordenamiento territorial y su manejo, que debe ser enfocado conjuntamente tanto por agencias del gobierno central como por aquellas de los gobiernos regionales.
  • Para la acuicultura peruana existe un Plan Nacional de Desarrollo (PNDA), así como un Programa Nacional de Ciencia, Desarrollo Tecnológico e Innovación en Acuicultura, el Catastro Acuícola Nacional, la Red Nacional de Información Acuícola y Planes Regionales de Desarrollo Acuícola. Se requiere que estos instrumentos sean actualizados, evaluados en su desarrollo y en su caso ajustados, según los nuevos requerimientos, y que esto sea realizado con la participación de los distintos actores involucrados (productores, academia, agencias competentes), teniendo además muy en cuenta la evolución de productos, tecnologías, y mercados, para los ajustes normativos que sean requeridos.