Hace algo más de un año, un informe preparado por la FAO, el  Banco Mundial y el Instituto Internacional de Investigación sobre políticas alimentarias, afirmaba que en el año 2030 la acuicultura estaría en condiciones de producir las dos terceras partes del pescado en el mundo.

El Informe arribó a interesantes conclusiones que conviene repetir aquí, por su  importancia, no solo en cuanto a la necesidad de mantenerse correctamente informados, sino por su valor en el diseño de políticas de desarrollo

A medida que la pesca de captura se estabilice y la demanda de una clase media global emergente -sobre todo en China-, aumente sustancialmente, expresa el Informe, la acuicultura está llamada a convertirse en  el gran proveedor de alimentos a nivel mundial.

El documento pone, asimismo,  de relieve las dimensiones y dirección  del comercio mundial de productos del mar, “que tiende a fluir desde los países en desarrollo a los desarrollados. Según la FAO, cerca del 40 por ciento de todo el pescado que se produce actualmente en el mundo se exporta y, en términos de valor, más de dos tercios de las exportaciones de pescado de los países en desarrollo se dirigen a los países desarrollados.”

En 2030, concluye el Informe “se prevé que Asia -incluyendo Asia meridional, el Sudeste asiático, China y Japón- represente el 70 por ciento del consumo mundial de pescado. Por otro lado, África subsahariana verá una disminución del consumo de pescado per cápita del 1 por ciento anual desde el año  2010 hasta el  2030. Pero, debido al rápido crecimiento de la población -del 2,3 por ciento en el mismo período- el consumo total de pescado de la región aumentará en conjunto en un 30 por ciento.”

Lo evidente es que se puede apreciar un sostenido aumento de la demanda, para lo cual muchos países, en especial del Asia, se vienen preparando con investigación e inversiones.

Lo rápido de este crecimiento hace pensar, a decir de expertos de todo el mundo, que no hay forma de establecer modelos de predicción de sus alcances, pero es también una oportunidad para que los gobiernos de los países  como el Perú, adopten decisiones de cara al futuro desarrollo de esta actividad, enfatizando la investigación y el cambio tecnológico

En esa dirección van los comentarios del  Director de Agricultura y Servicios Ambientales del Banco Mundial  respecto de la necesidad de que “los países en desarrollo interesados en el crecimiento de sus economías a través de la producción pesquera sostenible, (……) necesitan políticas muy bien estudiadas para garantizar que este recurso se gestione de forma sostenible.”

“El suministro sostenible de pescado -producirlo sin agotar los recursos naturales productivos y sin dañar el medio ambiente acuático- es un enorme desafío”. Ha dicho el mencionado  funcionario.

Por nuestra parte, podemos mencionar que frente a las tasas de crecimiento de la población mundial, que se estima llegará a los 9 mil, o más, millones de personas en el 2050, en particular en las regiones menos desarrolladas, resulta urgente emprender acciones que conduzcan al desarrollo responsable y sostenible de la acuicultura, en especial para la seguridad alimentaria.

A la par de estas investigaciones y convencimientos, preguntémonos que está sucediendo en nuestro país. ¿Es que acaso nuestro actual gobierno, ad portas de su conclusión, tiene planes para desarrollar la acuicultura?

En efecto, el Perú cuenta con un Plan  2010-2021, en el marco del cual se han emprendido algunas actividades importantes, como la reciente publicación de un renovado catastro acuícola por ejemplo, la creación de la ventanilla única para ciertos trámites, así como normativas para el fomento de la productividad y la competitividad. Pero, a la luz de las cifras de producción y exportación, la dependencia de nuestra acuicultura de solo tres especies de importancia, el escaso esfuerzo que se observa en la puesta en valor  y en disponibilidad de potenciales interesados, el poco impacto de medidas en favor de la formalización de los productores, en particular  los de menores capacidades productivas y de recursos limitados, nos hace pensar que el camino por recorrer es aún muy  prolongado.

En una próxima entrega nos ocuparemos de las acciones que deberán adoptarse como una vía segura para lograr el desarrollo acuícola sostenible de nuestro país.