El momento preelectoral en que se encuentra el Perú, nos conduce a los ciudadanos electores a hacer un esfuerzo de reflexión sobre lo que se requiere en nuestros particulares campos de responsabilidad y trabajo, para asegurar su desarrollo sostenible. Frente a ello, es importante conocer cuáles son las propuestas que nos ofrecen los candidatos a ser próximos gobernantes.

A este respecto, anotamos que es ampliamente reconocido que el llamado milagro económico de nuestro país, no fue tal, y si  tuvo impactos estos fueros muy reducidos, efímeros y centrados sólo en algunas actividades productivas. Más aun, sabemos que ni bien la economía internacional comenzó a mostrar signos de desaceleración, nuestra supuesta solidez económica reveló también sus debilidades estructurales. Un factor que explica casi por si solo este hecho, es la reducción del valor de nuestras principales exportaciones, consistentes en forma muy mayoritaria, en bienes primarios como los minerales.

Consideramos en consecuencia, que es el momento de privilegiar lo que algunos economistas llaman los “motores internos del crecimiento”, mirando dentro de nuestras propias fortalezas, traducidas en la existencia de condiciones y recursos naturales que nos significan ventajas comparativas y competitivas. Y en este contexto, enfocarnos en la producción de bienes capaces de beneficiar en forma amplia a nuestra población y que generen cadenas de valor, sirviendo además para atender diferentes mercados, internos y externos.

Una rápida revisión de los enunciados que componen las propuestas para los planes de gobierno de las diversas agrupaciones que participan en estas elecciones presidenciales y congresales, nos permite observar que no se presta la debida importancia a los sectores de la pesca y la acuicultura - cruciales en la provisión de alimentos - y la promoción de su desarrollo dentro de esquemas sostenibles. En el mejor de los casos, ello ha sido hecho sólo de manera tangencial o muy genérica, y en especial en lo que respecta a la acuicultura, la gran promesa para la alimentación mundial del futuro.

Por ello, y procurando contribuir con quienes tienen entre su manos elaborar los planes de gobierno, nos permitiremos en los párrafos que siguen, compartir algunas ideas sobre lo importante que es tener en cuenta a este sector productivo en sus esfuerzos de planeamiento.

Como factores que son propicios para desarrollar la acuicultura peruana, destacan el hecho de que el país es líder mundial en la pesca, y en particular, aquella destinada a la elaboración de insumos estratégicos para elaborar alimentos balanceados dirigidos a producir las especies más valiosas de la acuicultura. Cabe recordar que nuestra pesquería, en particular la basada en la anchoveta, alcanzó cifras muy altas en los años que se presentaron condiciones oceanográficas favorables.

Por otra parte, es igualmente remarcable la mega diversidad del país, constituida por abundantes especies, en particular las acuáticas, y ambientes que las albergan, siendo muchos de ellos apropiados para el desarrollo de muchas formas de acuicultura. Asimismo, poseemos abundantes recursos hídricos continentales y una costa bañada por la corriente marina más productiva del mundo.

En este escenario, tenemos que la acuicultura peruana, si bien no destaca en volumen y valor frente a la abundante pesca de un recurso excepcionalmente abundante como es la anchoveta, ha venido creciendo en estos aspectos, y lo que es más importante, sus productos superan ampliamente – en más de cinco veces - el precio unitario (kg), frente a la pesca de consumo humano indirecto y directo, además de la generación de actividades y empleos conexos.

Para ilustrar estas cifras, acompañamos los figuras siguientes:

Acuicultura pre electoral

Figura Nº 1: Crecimiento en volumen (toneladas) de la acuicultura peruana en los últimos 20 años (la cifra del 2015 es una proyección presentada por el PRODUCE)

Esta primera figura nos muestra que la acuicultura peruana está creciendo, y con mucha rapidez, siendo su tasa promedio anual promedio del 20%, una de las más altas del mundo según la FAO.

En cifras, sus logros importantes son el haber alcanzado en el año 2014 un total de 30 mil toneladas exportadas, que alcanzaron un valor de 300 millones de dólares, muy por encima de los 10 millones que se obtuvieron en el año 2000. Esta cifra a su vez, es el 10% de la totalidad de las exportaciones de productos pesqueros peruanas. En la figura Nº 2 se grafica este crecimiento.

Evolucion de la exportaciones acuicolas 2004_2013

El mercado interno, significó igualmente cerca de otros 200 millones de dólares, con lo que se aprecia que esta actividad productiva tiene además importancia comercial interna, así como en el abastecimiento de alimentos, que alcanzan las 40 mil toneladas, mayormente en base de la producción de truchas, que se realiza en la región andina del país y que igualmente muestra un constante crecimiento (fig. Nº 3).

mercado interno acuicola 2004_2013

La sola observación de estas cifras y sobre todo de las tendencias de crecimiento de la acuicultura, deberían constituir un fuerte elemento de evaluación en el diseño de políticas que alienten su desarrollo sostenible. Pero hay más aún: esta actividad tiene la particularidad de generar puestos de empleo, en especial en áreas rurales y muchas veces económicamente menos favorecidas. Hoy, más de 100 mil personas trabajan en acuicultura en el Perú y si, como todo hace suponer la actividad sigue creciendo a los ritmos actuales, estos números también se multiplicarán.

No obstante, empujar el carro de la acuicultura en la dirección correcta demanda la puesta en marcha de una política de gobierno que se comprometa con una visión de desarrollo sostenible y a largo plazo de esta actividad. La Ley de Promoción y Desarrollo de la Acuicultura, expedida en el año 2002, y su reglamento, otorgaron marcos importantes que facilitaron este desarrollo. Ahora se ha dado una nueva ley que contiene variantes en los esquemas de gestión de la acuicultura nacional, estando su reglamento en proceso de revisión. Asimismo, se están incorporando  nuevos instrumentos de innovación, entre los que destaca el Programa Nacional para la Innovación en Pesca y Acuicultura.

Sin embargo, se requiere aun de un importante esfuerzo adicional de interpretación de las necesidades de la acuicultura a la luz del significativo rol que está llamada a jugar en las aspiraciones de desarrollo nacional y en las diferentes modalidades y esquemas en que ésta se realiza, permitiendo su diversificación, aseguramiento en el abastecimiento de insumos, uso privilegiado de las materias primas estratégicas y otras ventajas comparativas que el país posee, prevención de amenazas, acceso a mercados, entre otros importantes aspectos.

En anterior oportunidad, y figurando en esta misma página electrónica, PRO ACUICULTURA publicó un artículo de opinión bajo el epígrafe de “Ideas fuerza para la acuicultura” en el cual proponíamos una línea de acción para el diseño e implementación de una política nacional de desarrollo acuícola. Por resultar algunas de las reflexiones allí hechas de particular interés a los efectos de este artículo, nos permitiremos reproducirlas a continuación:

En primer lugar y reconociendo sus peculiaridades de diversidad de tecnologías, especies, ambientes de ejecución, así como por su complejidad, la acuicultura – que de hecho se aleja de ser una actividad extractiva como la pesca, asemejándose más bien a la agro-industria – requiere de una gestión especializada, que debería estar concentrada y debidamente manejada y promovida en el marco de una organización ad-hoc, llámese ésta Vice Ministerio, Instituto u otro, agrupando y racionalizando los estudios necesarios (I+D+i), caracterización de opciones productivas (y su particular tratamiento) y administración. De esta forma, evitar la dispersión de demandas de intervención y control por parte de numerosas agencias de gobierno, como en la actualidad sucede (1).

Por otra parte, debido a que es una actividad productiva que requiere de fuertes inversiones, largos plazos de maduración y asumir riesgos (ya que en ella se presentan muchas situaciones nuevas para el conocimiento, tanto productivo como en los aspectos comerciales), se requiere la articulación con fuentes de financiamiento o favorecer este aspecto con medidas promotoras y tributarias apropiadas.

Asimismo, siendo la acuicultura altamente sensible a la contaminación y a las epidemias (por desarrollarse en un medio acuático de fácil dispersión de contaminantes y de patógenos), debe propiciarse un cuidado de su desarrollo y gestión, así como del territorio que ocupa, en relación a los peligros que puede significarle otras actividades productivas o humanas como la agricultura, minería, industria, urbanismo, pesca, etc. En este sentido, urge un ordenamiento territorial y su manejo, que debe ser enfocado conjuntamente tanto por agencias del gobierno central como por aquellas de los gobiernos regionales.

Para la acuicultura peruana existe un Plan Nacional de Desarrollo (PNDA), así como un Programa Nacional de Ciencia, Desarrollo Tecnológico e Innovación en Acuicultura, el Catastro Acuícola Nacional, la Red Nacional de Información Acuícola y Planes Regionales de Desarrollo Acuícola. Se requiere que estos instrumentos sean actualizados, evaluados en su desarrollo y en su caso ajustados, según los nuevos requerimientos, y que esto sea realizado con la participación de los distintos actores involucrados (productores, academia, agencias competentes), teniendo además muy en cuenta la evolución de productos, tecnologías, y mercados, para los ajustes normativos que sean requeridos (2).

  • La nueva Ley de acuicultura incluye la creación del Sistema Nacional de Acuicultura (SINACUI)
  • EL PNIPA podría realizar algunas de estas tareas.